Esencia
Ñembi Guasu - El Gran Escondite
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El Área de Importancia Ecológica Ñembi Guasu, es un espacio vital que asegura el YAIKO KAVI PAVE (para vivir bien) de la nación guaraní, por eso el área protegida hace parte indivisible de su territorio, reconocida como de cuidado prioritario. 

El Ñembi Guasu o “Gran Escondite” se constituye en la segunda área protegida más grande del Gran Chaco Americano, con 1.207.850,2 hectáreas y amplia frontera con la república del Paraguay, forma parte de la jurisdicción territorial de la autonomía indígena de Charagua Iyambae casi en su totalidad.

Ñembi Guasu es un territorio fundamental para la ecorregión Chaqueña pues, sumado a los Parques Nacionales Kaa Iya y Otuquis, configura un gran espacio continuo de conservación que contribuye a mantener el área de vida de la población ayorea en aislamiento voluntario, asegura el resguardo del territorio, sus valores y sostenibilidad del sistema de vida de los guaraníes, brinda una conectividad para la biodiversidad y se convierte en un gran espacio enfocado en la adaptación al cambio climático basada en ecosistemas.

ÑEMBI GUASU COMO ÁREA DE CONEXIÓN

Se encuentra entre el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Otuquis y el Parque Nacional y Área de Manejo Integrado Kaa Iya, configurando un espacio continuo de conservación de aproximadamente 6 millones de hectáreas

Se encuentra entre la cuenca del Plata y del Amazonas, manteniendo el flujo de los cursos de agua que descienden de las serranías del Bosque Chiquitano y que escurren hacia los bañados de Otuquis y el río Paraguay.

Esta conectividad hace posible la diversidad evolutiva y funcional y el rango de roles ecológicos de la alta riqueza en biodiversidad, cuyas funciones ambientales sostienen, además de los medios de vida de la nación Guaraní, al grupo de ayoreos en aislamiento voluntario y otras actividades productivas que sustentan la economía local y regional.

Esta conectividad hace posible la diversidad evolutiva y funcional y el rango de roles ecológicos de la alta riqueza en biodiversidad, cuyas funciones ambientales sostienen, además de los medios de vida de la nación Guaraní, al grupo de ayoreos en aislamiento voluntario y otras actividades productivas que sustentan la economía local y regional.

VALORES Y OBJETOS DE CONSERVACIÓN

La creación del ACIE Ñembi Guasu, obedece a esa forma de ver el mundo desde la cultura guaraní, y la necesidad de conservar los ecosistemas para poder vivir bien; entonces, las más de 1,2 millones de hectáreas son establecidas como “área de conservación e importancia ecológica”, de toda la entidad Charagua Iyambae. De ahí que la sabiduría guaraní es un valor estratégico que sustenta la gestión del Área Protegida.

Los Ayoreos son un pueblo indígena, que cuenta con segmentos de su población viviendo en los ecosistemas que conforman su área de uso tradicional, sin contacto sostenido con personas no indígenas y que rehúyen a tener cualquier tipo de contacto con personas ajenas a su pueblo.

El grupo de ayoreos no contactados que transitan en el Ñembi Guasu, se denominan TOTOBIEGOSODES (“gente del lugar del chancho de monte”) quienes viven entre Bolivia y Paraguay, en zonas del ecosistema Chaqueño.

Su supervivencia depende exclusivamente de los recursos naturales del ecosistema. Practican la caza, pesca, recolección y silvicultura itinerante, y tienen una alta movilidad espacial.

Se ha identificado cinco grandes mamíferos en el ACIEÑG, cuya conservación depende del buen estado del área protegida, habida cuenta que su conservación en el país está considerada en alguna categoría de amenaza, de acuerdo con los estándares de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza – UICN, el sistema de la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Silvestres de Fauna y Flora (CITES) y el Libro Rojo de la Fauna Silvestre de Vertebrados de Bolivia (LRB).

Es importante destacar que siendo la región una de las menos conocidas en el país, los primeros estudios dan cuenta de la existencia de especies que tal vez se constituyan en nuevos registros para la ciencia, como es el caso de una serpiente del género Bothrops, familia Viperidae, llamado localmente como “la zarca” por su color claro muy diferente a las Bothrops que la región, cuya definición requiere de mayores estudios.

Por otro lado, se han identificado grupos taxonómicos cuya identificación ha dado pie a la necesidad de profundizar los estudios para lograr una mejor definición, tal es el caso de las lagartijas del género Ameivula, lagartijas arbóreas del género Tropidurus, lagartijas semi subterráneas de extremidades reducidas del género Bachia. De la misma manera las serpientes conocidas como falsas corales del género Xenodon y las corales verdaderas del género Micrurus. Todos ellos con alta probabilidad de constituirse en nuevos registros para Bolivia o incluso nuevas especies para la ciencia.

Se destaca el tajibo de flores rosadas (Handroanthus abayoy) recientemente reconocida como especie endémica cuya mayor area de distribución se encuentra en la formación del Abayoy conservada en el área protegida Ñembi Guasu. Y como esta especie, se estima describir muchas otras que han desarrolla una capacidad de adaptarse y crecer tranquilamente en una zona donde la escasez de agua es severa.

En el ACIEÑG el Abayoy constituye la transición entre el bioclima pluviestacional subhúmedo y el xérico seco (Io = 2,5 – 3,7). También contiene expresiones de bosques siempreverdes estacionales a parcialmente caducifolios con estructura algo similar a la de los bosques chaqueños. Sin embargo, no presentan cactáceas y la flora está mayoritariamente compuesta por especies comunes con los chaparrales del Cerrado, a las que se añaden unas pocas especies chaqueñas, bosques bajos escleromórficos con dosel denso a discontinuo de 5 – 10 m de alto, que se distribuyen en los suelos arenosos de los amplios glacis eólicos del sur de la Chiquitanía, en su límite con el Chaco Boreal,

Es uno de los ecosistemas menos estudiados de Bolivia y con altas probabilidades de albergar fauna y flora endémica.

Hacia el extremo Este, el Ñembi Guasu cuenta con porciones de la llanura aluvial, con presencia de causes y lagunas fósiles, que contrastan con un área de muchos cauces y meandros abandonados, diques naturales, etc., está flanqueada por un macizo rocoso casi continúo, que conforman las Serranías de San José y Santiago. Cabe destacar que dichas son responsables de la generación de agua e influyen en los patrones de precipitación que marcan las características del territorio. En cuanto a las aguas superficiales, el área se encuentra drenada por los afluentes que aportan a las cuencas del Plata y del Amazonas (Maillard, O. 2019), a través de la cuenca Parapetí, San Miguel y Tucabaca.

Es importante destacar que el recurso agua tiene un doble valor, es un elemento del ecosistema, pero también se constituye en un activo social y en el caso del ACIEÑG, también cultural, ya que a través de su buen manejo se generan bienes y servicios para las comunidades guaraníes y ayoreas en aislamiento voluntario, así como para los ganaderos. Se puede citar los servicios de provisión, es decir aquellos bienes y servicios que satisfacen las necesidades básicas como agua para consumo, pesca, caza, madera, etc., los servicios de regulación que están asociados al equilibrio ecológico como la regulación del clima y del flujo, purificación del agua, control de erosión, reciclaje de nutrientes, sustentan la conservación de la biodiversidad, entre muchos otros, y por último los servicios culturales que se refiere a los beneficios no materiales asociados a valores guaraníes, de espiritualidad e identidad.

Para asegurar la conservación de la biodiversidad a largo plazo, se necesita que grandes áreas estén enlazadas para sustentar poblaciones viables, como es el caso del bloque Kaa Iya-Otuquis, enlazados a través del ACIEÑG, de tal forma de mantener el intercambio de individuos y el flujo genético entre poblaciones (Jackson & Fahrig, 2016; Thornton et al., 2016), constituyéndose así ACIEÑG en un conector estructural y funcional valioso, especialmente para especies paraguas y que son altamente vulnerables a la fragmentación de sus hábitats.

Es fundamental mantener la conectividad, bajo un enfoque de gestión del paisaje, para evitar que las áreas protegidas se constituyan en islas, aumentando los efectos de borde, el conflicto de poblaciones humanas, el deterioro de los ecosistemas, pérdida de biodiversidad biológica (genes, poblaciones, especies y ecosistemas), así como el mantenimiento y funcionamiento de las funciones ecosistémicas, impactos que en conjunto generan efectos adversos  sobre las comunidades y demografía de las poblaciones, entre parches o fragmentos de vegetación.

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